DE LLEGAR COJEANDO A LLEGAR PRIMERO: UNA SESIÓN QUE LA NEUROCIENCIA DEL DOLOR PUEDE EXPLICAR
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La sesión de este miércoles en el grupo de Huesca fue de las que confirman, de forma tan visual que resulta difícil no compartirla, lo que la neurociencia del dolor lleva años explicando.
"Todo empezó con un globo".
Conviene detenerse aquí para explicar algo que no se ve en las fotografías, pero sin lo cual nada de lo que vamos a describir habría ocurrido. Esta sesión se enmarca en un programa de rehabilitación interdisciplinar en el que cada persona tiene realizada su evaluación individual, con instrumentos validados y seguimiento periódico. Los profesionales del equipo conocemos a cada participante prácticamente de memoria: su patología, su evolución, sus umbrales, sus días buenos y sus días malos. Antes y durante la actividad, cada persona tiene indicaciones específicas: qué sensaciones de dolor vigilar (tanto en intensidad como en cualidad), cuándo parar o bajar el ritmo, y cómo contemplar la tarea con un propósito global y lúdico en lugar de con un enfoque analítico centrado en el cuerpo. Nada de lo que aquí se cuenta es improvisado ni replicable simplemente comprando unos globos.
La propuesta: un globo, una pista y un mecanismo que el cerebro conoce muy bien
Pedimos a cada participante que inflara un globo. Algo tan sencillo que nadie se planteó que estuviera empezando un ejercicio terapéutico. A partir de ahí, la sesión se estructuró en fases progresivas:
Primero, caminar sujetando el globo con la mano de forma cómoda: una fase de calentamiento suave que ya estaba activando el sistema cardiovascular y la movilidad articular sin que nadie estuviera "haciendo ejercicio" conscientemente.
Después, caminar conduciendo el globo en suspensión, empujándolo con la mano dominante. Aquí ocurre algo importante: para mantener el globo en el aire, la persona necesita coordinar la marcha con el movimiento del brazo, ajustar la fuerza, anticipar la trayectoria del globo y corregir continuamente. Todo esto requiere atención. Y esa atención tiene un destino muy concreto: el globo, no el dolor.
A los 2-3 minutos, el mismo ejercicio con la mano no dominante: mayor demanda de coordinación, mayor esfuerzo atencional, mayor activación del hemisferio cerebral menos habituado a esa tarea. Y una instrucción adicional: alternar la focalización de la atención entre el globo y un punto al frente hacia donde querían dirigirse. Este ejercicio de atención alternante es un entrenamiento neuropsicológico encubierto dentro de una actividad que parece un juego.
Y entonces llegó la fase que lo cambió todo ...
"A ver quién llega primero… y quién llega el último"
Les pedimos que se colocaran detrás de una línea blanca de la pista del pabellón, cada uno con su globo, y que se dirigieran conduciendo el globo con la mano dominante hacia la línea del otro extremo, a unos 50 metros. Pero con una indicación que transformó la sesión: "vamos a ver quién llega primero, y también quién llega el último".
Lo que ocurrió a continuación es difícil de describir sin haberlo visto. Personas que habían llegado a la sesión con dolor, con rigidez, con dificultades de movilidad, salieron hacia la otra línea con una actitud, una motivación y una activación completamente renovadas. Caminaban rápido. Algunos corrían. Reían. Se animaban entre ellos. El dolor, que veinte minutos antes era el protagonista de sus conversaciones, había desaparecido de escena.
Carlos: cuando la sensibilización central se encuentra con un globo
De todas las personas que participaron, el caso más llamativo fue el de un participante diagnosticado de síndrome de sensibilización central, atendido en la Unidad del Dolor. Esta persona llega habitualmente a las sesiones cojeando y manifestando niveles elevados de dolor. Ese miércoles no fue diferente: al inicio de la sesión, su dolor era evidente.
Sin embargo, durante las series con el globo, no solo caminaba con rapidez y agilidad: en varias series llegó primero de todo el grupo. Corriendo. Con una coordinación y una fluidez de movimiento que contrastaban radicalmente con su estado al llegar. Cuando, entre serie y serie, comentamos al grupo cómo le explicaríamos a los médicos de la Unidad del Dolor lo que estábamos viendo, la pregunta no era retórica: era una invitación a que todos comprendieran lo que estaba ocurriendo en su propio cuerpo.
El mismo patrón se repitió con otra participante con fibromialgia, y con el resto de compañeros afectados por patologías autoinmunes y dolor crónico.
Al preguntar al final de las series por sus niveles de dolor, la respuesta fue consistente: mucho menos dolor, o directamente sin dolor.
Mª Luisa: 84 años, primera sesión, una muleta y un globo
Ese mismo día teníamos a una participante nueva: una mujer de 83 años diagnosticada de espondilitis anquilosante, que venía a su primera sesión de toma de contacto apoyándose en una muleta. Al llegar nos decía que tenía dolores por todo el cuerpo.
Le propusimos que participara en la fase de calentamiento caminando con el grupo, y después conduciendo el globo con una mano, acompañada por Laura, nuestra estudiante de Psicología, que le acercaba el globo cuando este se desplazaba demasiado. Mª Luisa caminó, empujó el globo, sonrió, y al preguntarle al final cómo se sentía, nos dijo que estaba algo cansada. Pero al preguntarle específicamente por el dolor, su respuesta fue: "Es como si se hubiera ido."
83 años. Primera sesión. Una muleta. Dolor generalizado al llegar. Y al terminar, sin dolor.
¿Qué está pasando? La ciencia detrás del globo
Lo que esta sesión ha puesto de manifiesto, de forma extraordinariamente visual, son varios mecanismos que la neurociencia del dolor lleva décadas investigando y que son la base del enfoque de educación en neurociencia del dolor (PNE) que aplicamos en ARPER.
El primero es la hipoalgesia inducida por ejercicio. Cuando realizamos actividad física, incluso de intensidad moderada, el cuerpo activa mecanismos endógenos de modulación del dolor: libera endorfinas y endocannabinoides, activa las vías inhibitorias descendentes del dolor desde el tronco encefálico, y reduce la sensibilización de los nociceptores periféricos. Esta es la "farmacia interna" del cuerpo, y se activa con el movimiento.
El segundo es la modulación atencional del dolor. El dolor no es solo una señal que viene de los tejidos: es una experiencia que el cerebro construye, y la atención es uno de los factores que más influyen en esa construcción. Cuando la atención está ocupada en una tarea que exige coordinación, anticipación y ajuste motor continuo (como mantener un globo en el aire mientras caminas), los recursos atencionales disponibles para procesar las señales de dolor disminuyen. No es que el dolor "no exista": es que el cerebro le asigna menos prioridad porque está ocupado en algo que requiere toda su atención.
El tercero es el componente motivacional y emocional. La introducción del elemento competitivo ("a ver quién llega primero") activó algo que no estaba presente en la fase de calentamiento: motivación, diversión, risa, activación emocional positiva. Las emociones positivas modulan directamente la percepción del dolor a través de circuitos que conectan las áreas prefrontales, el sistema límbico y las vías descendentes de modulación. Cuando nos reímos, cuando competimos de forma lúdica, cuando nos sentimos parte de un grupo que se anima mutuamente, el cerebro reduce la percepción de amenaza y, con ella, la experiencia de dolor.
El cuarto es especialmente relevante para personas con sensibilización central: el sistema nervioso central de estas personas amplifica las señales de dolor, interpretando como dolorosos estímulos que en otras personas no lo serían. Pero esta amplificación no es fija ni irreversible: depende del contexto, del estado emocional, del nivel de atención y de la percepción de amenaza. Lo que esta sesión demuestra es que cuando el contexto cambia radicalmente (de "estoy en una sesión de rehabilitación donde me duele" a "estoy corriendo con un globo y quiero llegar primero"), el sistema nervioso puede recalibrar su respuesta. No porque el daño tisular haya cambiado, sino porque el cerebro ha cambiado su evaluación de la situación.
¿Qué nos enseña esta sesión?
Que el dolor crónico no es solo una cuestión de tejidos dañados. Es una experiencia que el cerebro construye, y que puede modificarse cambiando el contexto, la atención, la emoción y el movimiento.
Que personas con diagnósticos graves —sensibilización central, fibromialgia, espondilitis anquilosante, patologías autoinmunes atendidas en unidades del dolor— pueden experimentar reducciones drásticas del dolor en cuestión de minutos cuando se dan las condiciones adecuadas. No porque el dolor "no sea real", sino porque el sistema nervioso tiene mecanismos de modulación que se activan cuando el movimiento se vive como seguro, motivante y acompañado.
Que lo terapéutico no siempre está en la sofisticación de la herramienta, sino en el conocimiento de los mecanismos que la herramienta activa y en el contexto en el que se utiliza.
Que el grupo y la actitud colectiva son parte del tratamiento, pero un tratamiento con estructura detrás. Lo que ocurrió el miércoles no habría ocurrido en una sesión individual, pero tampoco habría ocurrido en un grupo sin evaluación previa, sin profesionales que conocen a cada persona y sin indicaciones individualizadas de seguridad. Fue la combinación de todo: el grupo, la competición lúdica, las risas, el 'vamos, que puedes', pero también los años de trabajo previo que permitieron que el cerebro de cada persona, en ese contexto concreto, decidiera que moverse era seguro y que el dolor podía esperar.
Y que Mª Luisa, con 83 años, una muleta y dolor por todo el cuerpo, en su primera sesión, nos recordó algo que a veces olvidamos: que nunca es tarde para descubrir lo que tu cuerpo puede hacer cuando le das la oportunidad.





























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